martes, 21 de junio de 2011

Novela gráfica, ¿a favor, o en contra?


El término "novela gráfica" está muy en boga últimamente. El mundo del cómic está creciendo, le pese a quien le pese, y se está haciendo su hueco en el mundo de la cultura.

Lo veo, porque me informo. Lo sé, porque escucho a los libreros.

A pesar del estigma que relaciona el cómic con algo infantil, parece ser que está empezando a ser tomado en serio. Por supuesto, hay formas, y formas, y una de las más extendidas, como siempre, es el eufemismo.

Para mí, el término "novela gráfica" es un gran eufemismo. Es una expresión que le da seriedad (por no decir solemnidad) a un género que realmente necesita que lo tomen en serio. El problema es que, sea cual sea su intención, y sin importar que esta sea buena, creo que es un error llamar "novela gráfica" a un cómic, por una sencilla razón: no hay reglas.

No voy a entrar en lo adecuado o no de llamar a cualquier cómic "novela gráfica". Para eso ya hay un gran debate en internet, con sus "a favor" y sus "en contra". Decidir si el término "novela", que ya de por sí es bastante abstracto y sujeto a estudio, sería correcto de aplicar a un comic, le toca discutirlo a personas que saben más que yo del tema.

Lo que a mi me preocupa son los criterios que se usan actualmente para discernir entre una "novela gráfica" y un simple "cómic".

¿Por qué no creo que sea adecuado? Bien. "Novela gráfica" es un término que se usa para referirse a cómics como "Watchmen" o "V de Vendetta". Sé que siempre se mencionan los mismos, pero precisamente por eso me vienen bien en este análisis. ¿Qué diferencia a estas "novelas gráficas" de cualquier otro cómic mensual que pueda publicarse en cualquier otro momento? Por lo general, estas "novelas gráficas" estaran dotadas de una gran calidad, avalada casi unánimemente por la crítica. Ya sea por los autores y su impacto en el "fandom", o por las susodichas críticas, estos títulos serán casi siempre best-sellers. Y son editadas en tomo, eso no falla.

Aquí está el problema. Estas novelas gráficas fueron publicadas originalmente de manera mensual. Como casi todos los cómics. Fueron editadas posteriormente en tomo debido a que tuvieron cierto éxito y a que constituían una historia cerrada. Entonces... Una historia cerrada de "Spiderman", publicada mensualmente, escrita y dibujada por un gran equipo creativo de renombre... ¿No es una "novela gráfica"? ¿Y si esa historia se publica en tomo? ¿Lo es, o no lo es? Y en caso de que no lo fuera... Si resultara tener mucho éxito... ¿No acabaría publicándose en algún sello similar a "Marvel Graphic Novels", o algo así?

¿Qué hace a la "novela gráfica", la calidad, o el tomo?

Mi respuesta es: ninguna.

Un formato NO hace al género. La valoración de la calidad es discutible y subjetiva, y por lo tanto TAMPOCO puede hacer al género. Lo que diferencia a estos cómics son las ventas, su condición de best-sellers. Y un best-seller, amigos, no hace una "novela gráfica". Hace un best-seller.

Un género, ya sea "ensayo", "obra dramática", "poesía" o "cómic" (que para mí, por motivos históricos, más que otra cosa, es el auténtico género), está constituido por una serie de características fijas, dentro de lo posible, que hace que lo distingan de cualquier otro género. En ese caso, ¿en qué se distinguen el "Watchmen" del número 234 de "Batman" que ha salido este mes? De nuevo, la calidad, las ventas y el formato. Pero no la narración, el lenguaje, la expresión, etc., que es lo que debería valorarse en este caso. En ese sentido, "Watchmen" y el número mensual de "Batman" son ambos cómics, o ambos novelas gráficas, pero sería incorrecto que uno sí, y otro no.

Si debería llamarse a todos los cómics "novelas gráficas" o a ninguno, como decía antes, ya se lo dejo a los expertos. Mientras, seguiré pensando que el término "novela gráfica" es una excusa para conseguir aportar seriedad a un género que, por desgracia, siempre la ha necesitado, a ojos del gran público.

Probablemente por eso, cuando esta mañana ha entrado un chico a la librería en la que yo estaba, y ha preguntado "¿os ha llegado alguna novela gráfica?", mi primer impulso ha sido querer partirle la boca. Aunque puede que el tono increíblemente pedante con el que lo ha dicho haya tenido algo de culpa...

Y como dijo el gran Neil Gaiman en una fiesta snob en la que le preguntaron en qué trabajaba: "Escribo cómics".

Os remito a un artículo de Zona Negativa mucho más útil que el mío: http://www.zonanegativa.com/?p=26810

PD: próximamente, un mini artículo que ya llevo siglos preparando, sobre por qué creo que los cómics NO son literatura.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El ardor de la sangre, de Irène Nèmirovski

En teoría esta debería ser la entrada correspondiente a Tristram Shandy, pero me parece que ese Señor Libro me va a llevar un par de meses más. Que se las trae.

Voy a ser breve, como este librito de Irène Nèmirovski, quien al parecer "lo está petando" en el mundo editorial contemporáneo. Digo al parecer porque la edición contemporánea me es completamente ajena: de momento, mi principal preocupación es todo lo que va antes. Ya cambiará eso con el tiempo.


Digo "edición" y no "literatura", porque esta novelita fue escrita en los años 30/40 (Nèmirovski murió en Auschwitch en el año 42), pero fue publicada por primera vez en español, y creo que también en francés, en 2007, al encontrarse el manuscrito. La historia de esta mujer ya vale la pena por sí misma, así como la biografía que dudo tarde mucho en salir. Inteligente de narices y valiente de pelotas.

El ardor de la sangre nos introduce en ese mundo de provincias francés en el que todo gira en torno al trabajo, la agricultura, la naturaleza, la gastronomía, y el qué diran. Yo no dejaba de imaginar la película Chocolat, solo que en tamaño mucho más reducido.

En mi opinión, la historia no es gran cosa. Pequeños secretos de familia y el devenir de la historia de un pueblo en el que nada interesa y en realidad, nada pasa. Una época yerma, gris y triste, aunque se hable de la primavera. Reminiscencias invernales (aunque muy atenuadas, claro) al Ethan Frome de Edith Wharton. Es el típico relato que nunca me llamaría la atención, ni por los temas, ni por la historia, ni por el precioso uso del lenguaje de Nèmirovski, que lo tiene.

Es el narrador de la historia lo que ha hecho que recuerde con cariño este libro. Porque Silvio es un narrador que ya ha vivido y no tiene nada más por lo que vivir. Silvio, con sus 60 años, su mundo recorrido y sus corazones conquistados, se ha recluído voluntariamente en el corazón de la campiña francesa para... nada. Para observar. Para comentar sus diferencias de perspectiva entre su junventud, cuando el fuego lo movía todo, y su casi vejez, cuando ya nada puede cogerle desprevenido, cuando reniega del cambio, cuando se conforma con lo frugal.

¿Y por qué me ha gustado eso? Un hombre que se limita a andar, mirar, comer, beber y dormir, ¿por qué me gusta? Porque me ha dado una visión de la vejez que, probablemente por primera vez en la literatura, me ha gustado. Porque me ha hecho pensar que haber vivido todo lo que había por vivir y tener la oportunidad de ver cómo lo viven los demás, sin influir en ellos ni que ellos influyan en tí, puede ser precioso. Por la tranquilidad y la falta de preocupación que tiene y que me transmitió.

Por que me ha quitado el miedo a la vejez, y le he sabido ver las partes buenas.

Por supuesto, esta no es el alma de la novela. Es otra. Es ese fuego final que resurge en Silvio. Pero cada uno observa la literatura con sus propios ojos, y, obviamente, yo he tomado lo que he querido. Y lo que tomo es esto:

Disfruto con cosas sencillas que están a mi alcance: una buena comida, un buen vino, este cuaderno en que garabateo, que me proporciona una sarcástica y secreta alegría, y, sobre todo, la divina soledad. ¿Qué más puedo pedir?